Recuerdo con añoranza aquel tiempo en el que carecía de remordimientos y de cualquier tipo de emoción, me sentía tan fuerte, invencible, podía caer un elefante sobre mi y aun así no había dolor, tristeza, ira, no había nada, era todo plano. Por muy pesada que fuese la carga, la sensación era similar a la del agua cayendo por los hombros, agua que pasaba sin dejar marcas y de la cual solo quedaba el recuerdo de que algún día existió y que ya no está. Era tal el desapego con lo real que ya no me sentía de aquí, no me sentía de este mundo, desencajaba en todo y con todos...
Hoy todo es diferente, esa pared que mantenía el equilibrio se desvaneció, solo queda un atisbo de ironía y apatía, apareció la tolerancia y el cinismo, es común otorgar una sonrisa y decir lo justo y necesario a quien busque reconforte, aprender a callar es doloroso es como si mil agujas rompieran el alma, pasando desde la cabeza al estomago, subiendo lentamente por la garganta, deteniéndose en la lengua, atacando con ferocidad los labios para dejar de existir y transformarse en miel.
Como dijo un grande la "vida va en círculos" y de ahí que todo, absolutamente todo se transforma, la capacidad de cambiar es lo que nos hace grandes y de ninguna forma esto nos imposibilita de volver a lo original, nuestra esencia siempre está, se esconde, pero sigue ahí para recordarnos que no hay que detenerse, que las oportunidades son amplias, que nuestras decisiones desencadenaran desastres o finales felices, que vivir y sentir forman parte de o mismo.
"No change, I can change
I can change, I can change
But I'm here in my mold
I am here in my mold
But I'm a million different people
from one day to the next
I can't change my mold
No, no, no, no, no"
(Bitter Sweet Symphony - The Verve)
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