La misión es clara y simple:
cerrar el cristal,
aquí me encuentro,
con clara convicción,
dispuesta, me someto a la censura.
con clara convicción,
dispuesta, me someto a la censura.
De pie, temblorosa y titubeante,
frente al frágil celofán que separa tu mundo del mio,
me distraigo, ¡Dios, que difícil!,
me detengo, observo.
Cientos de insectos que alzan el vuelo,
revoloteando hacia múltiples proyecciones de si mismos,
¿será que se trata de un reflejo?,
¿de mi reflejo?,
¿de mi reflejo?,
de como actúo cuando te encuentro,
porqué te pienso, porqué te siento,
a cada momento,
en mi piel, tambien en mis huesos.
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